¿A dónde me llevan?...
Resulta gracioso que desde hace unos cuantos días, una sensación extraña surgió en mí interior. Una especie de vacío se estaba apoderando de toda mi existencia; placentero en parte y doloroso por otro lado.
Me levanté de mi cama y me quedé con los pies paralelos apoyados sobre la alfombra. Me sujetaba el cabello con cierta violencia que no llegaba siquiera a los horizontes del dolor, mis ojos desorbitados no sabían qué mirar. Dejé mi estado apático a un lado y me decidí por ir a la tienda a ver qué podría provocarme como desayuno.
La tienda de la señora Martha es algo fresca, puedes sentarte y quedarte el tiempo que quieras. Nadie te molesta, y a la vez, es casi imposible que molestes a alguien, la tienda es en cierto sentido, solitaria. Pedí una bebida con sabor a manzana y un paquete de papas, me senté sobre el pavimento que cubre la entrada principal de la tienda y me dediqué a mirar a fondo la invisibilidad del viento que pasaba por mis ojos.
Mi teléfono celular comenzó a vibrar, era una llamada; Claudia.
- ¿Qué sucede? – Pensé que tal vez querrías venir hoy a mi casa, Rafael viene y también algunos otros amigos y amigas. – ¿A qué hora? – A las 3 de la tarde. – A lo mejor me encuentre ocupado. – No seas así. Yo sé que no tienes nada que hacer. – Intentaré pasar. No te prometo nada. – ¿Qué te sucede? – Nada. – ¿Es por Rafael? – ¿Qué me va a suceder a mí con Rafael? Me dices tú que lo que la gente dice es falso. – Pero, tú eres muy raro con esas cosas. – Mira, estoy desayunando, hablamos en otra ocasión.
Lo que menos quiero es escuchar su voz, no quiero sentir el color de su mirada, quiero, simplemente, ponerla en blanco y negro, dejarla en una página amarillenta, olvidarla, dejar que su recuerdo se torne borroso. Ella se ha olvidado de mí, de lo que alguna vez existió entre ambos, de los sentimientos que hace mucho tiempo me manifestó, sabe que aun estoy dolido, sabe que aun sufro. Y claro, quiere que yo vaya sólo para verla hablar con Rafael. Quedaré como un mismo idiota, todos hablando y riéndose mientras que yo admiro con agonía todo ese evento social al cual yo no soy bienvenido. Terminé de comer este desayuno antinutritivo y me fui a ver qué cosa extraña encontraba en mi apartamento. No había terminado de llegar a la esquina cuando me encontré con el famoso Rafael.
- Hey, Juan, ¿Cómo andas? – Pues tú sabes, ahí, dándole. – Eso está bien. ¿Te contaron sobre lo de Claudia hoy? – Si, ella me llamo hace unos minutos. – ¿Vas a ir? – La verdad no lo sé. Tengo cosas importantes que hacer. ¿Tú qué dices? – Sería bueno que vayas. – ¿Por qué dices eso? – ¿Qué razón tienes para no ir?
Le sonreí sarcásticamente y le di una pequeña palmada en el hombro y me fui. Rafael ha sido un gran amigo para mí. Pero, ahora está en una especie de relación amistosa muy fuerte con Claudia, quien fue mi novia hace unos meses atrás. Lo que me enoja es que se hayan aprovechado de mi falta de tiempo y presencia para ellos poder entonces realizar sus deseos; y a escondidas.
Llegué a mi apartamento y me quedé solo, sentado en mi cama con los pies paralelos apoyados sobre la alfombra. Hoy es domingo, no hay nada que hacer. Los cabellos de mi brazo han crecido un poco, mi barba ya lleva una semana. Me bañé y salí a caminar para no dejar que la locura de la soledad saboreara las esquinas de mi mente.
Cogí la ruta más rápida para llegar a la plaza del centro, caminé alrededor de quince minutos para llegar. Las calles están un algo abandonadas, son feas, los andenes algo rotos, y algunos muros se encuentran muy agrietados. Dejé que mi cuerpo reposara sobre una banca de madera que estaba justo al frente de la estatua de Simón Bolívar. Con su brazo eternamente levantado.
En mi mente los recuerdos venían con una fuerza negativa que me atormentaba, pero el viento que rozaba mi piel con delicadeza tenía la capacidad de aliviarme. Llegaron unos hombres con algunas guitarras acústicas, empezaron a tocar; al principio de manera desordenada, pero luego se organizaron y empezaron un repertorio cómodo y favorable al público. Los acordes de ese ritmo un poco popular y comercial llenaron y cambiaron el espacio abierto de la plaza en un ambiente algo alegre. No eran canciones tontas y emocionales que te hacen recordar algún amor pasado o alguna otra situación desagradable. Eran canciones que te hacían sentir algo divertido por la vida, incluso cuando no encuentras razones para sentirte así.
Mis oídos se entretenían con el sonido de la voz de aquel cantante que junto al sonido de las guitarras formaban la combinación perfecta, como para que un público sencillo y sin tantas pretensiones quedase deleitado. Recordé mi época de adolescencia cuando yo formaba parte de un grupo de Rock en donde yo tocaba la guitarra rítmica. Nunca fui bueno para ser el líder.
Recuerdo que en ese entonces yo tenía cerca de 17 años y me iba con mis amigos y compañeros de banda a varias ciudades. Nos iba bien, la gente nos quería, podíamos llegar muy lejos, pero como ese no era mi destino entonces nada sucedió y ahora estoy sentado en una banca escuchando a quienes se dedican a eso sin importar que sea en una plaza pública.
Se pasaron las horas algo rápido y se me ocurrió la brillante idea de regresar. La idea de ir hoy a la casa de Claudia a verle los rostros a todos esos maniquíes rosados me causa algo de cólera, pero, a la vez, me siento tentado a ir, a ver si de alguna forma ocurre algo a mi favor. A ver si de alguna forma algo imposible llega a suceder.
Estuve en mi apartamento hasta las tres y un cuarto cuando me decidí por ir a la casa de Claudia. Había pasado todo el día mirando el viento, escuchando al silencio, apreciando mi existencia, sintiendo el paso del tiempo que parece lento porque decido verlo lento.
Llegué y mi bienvenida fue algo cruda y no tan acreditada como seguramente a muchos le habían hecho. Claudia me dio un beso en la mejilla, Rafael me saludó con la mano derecha, el resto de personas solamente me dedicaron una pequeña mirada y luego retornaron a sus mecanismos de conversaciones que yo no logro entender y tampoco encajar. Mi cuerpo se paseaba como un cadáver, mi mente analizaba con odio todo aquello que sucedía a mí alrededor. Tomé una cerveza y me senté en una silla en el balcón.
- ¿Qué te sucede? – Nada. – Por favor, hablemos. Sé que algo te pasa. – Bueno, a lo mejor tengas razón. – ¿Puedes contarme? – Claro, pero, ¿En qué te afectará si yo te cuento o no? Igualmente siempre haces lo mismo. – ¿A qué te refieres? – ¡Por favor! ¿Crees que no me afecta? ¿Crees que me hace feliz el hecho de que seas así conmigo? – Entonces es verdad que estás celoso de Rafael. Pareces un niño. – No te apresures. Tú, aun estando conmigo empezaste a verte con Rafael y sé con toda certeza que solamente quieres destruir mi felicidad, y claro, ¡Yo me dejo! Por pendejo. – No digas esas cosas. Por favor. – ¿Qué quieres que te diga? ¿Qué te he olvidado y puedo sonreírte mientras te acuestas con alguien que fue mi amigo? Nunca me dijeron nada, me tocó enterarme por chisme. – Juan, no digas cosas que no sabes. Rafael y yo no tenemos nada. – No quiero discutir eso. Quiero que tengas muy claro que yo estoy intentando despertarme todos los días sin que tu recuerdo destruya mi existencia. Quiero mirarte a los ojos y verte como si fueses un cadáver que nada significa. Quiero dejar de ser tan inútil conmigo mismo.
Salí rápidamente del balcón, no soportaba escuchar la voz de Claudia ni un segundo más. Todos se dieron cuenta de que yo me encontraba enojado. Rafael intento averiguar qué me sucedía, pero mi agresividad lo alejó. Tenía ganas de golpearlo, pero no podía. Soy yo quien debe ser golpeado, me estoy atormentando yo solo. Mis manos empezaban a temblar y ahora ya no estaba donde Claudia. Ya no había más maniquíes rosados.
Caminé por el medio de la carretera, no pasaban autos, todo estaba vacío. Mis pies avanzaban lentamente mientras que en mi mente la confusión aumentaba rápidamente. Cada paso reflejaba la distancia que yo anhelaba de aquella mujer que me había humillado emocionalmente, la distancia de aquellos que sonríen hipócritamente. No entiendo por qué toda esta red confusa de malentendidos se ha propagado en mi existencia, no sé por qué Claudia, que me reemplazo, me sigue buscando. ¿Qué razón tiene para perturbar mi tranquilidad? ¿Acaso siente placer cuando ve que me desmorono como un edificio en demolición?
De repente, casi sin yo darme cuenta, apareció algo detrás de mí. Emprendí una fuga rápida, empecé a correr. Mi esfuerzo parecía inútil, las piernas agiles de eso que me perseguía eran muy fuertes y veloces; podía sentir cómo eso saboreaba mi desesperación. Me alejaba y eso se acercaba, los latidos de mi corazón aumentaron, mi mente se enfocó en una sola cosa. Escapar.
Escapar de este miedo, así como cuando de niño yo escapaba de las lágrimas que en situaciones dolorosas me atacaban para demostrar mi debilidad.
Me escapé con gran dolor en mi cuerpo, llegué a una esquina por la cual doblé y eso no se apareció. Entré al supermercado para comprarme alguna bebida para calmar mi sed. La fila para la caja de pago era un poco extensa, no más de 6 personas. Tenía paciencia, pero el miedo que me perseguía y la ira que se provocó en mi interior me hacían parecer impaciente. Todo estaba en silencio, sentía frio por culpa de los aires acondicionados. Quería irme de aquí, no quiero este frio, no quiero este miedo. Solamente quiero estar acostado en mi cama mirando el techo.
La señora de atrás de mi hablaba mucho sobre mimos y cosas similares, el señor que estaba por delante mío se reía y no dejaba de reírse. La fila no avanzaba, comencé a desesperarme. El sonido de los segundos taladraba mi estabilidad psicológica, sentía que enloquecía, me empezaba a dar ganas de gritar, quería gritar, gritar y salir corriendo. No lo hice, me quedé de pie en esa fila estática, la bebida en mi mano se iba aclimatando, la abrí. Recibí un llamado de atención por parte de la señora de atrás, no le presté atención, la iba a pagar, no me importa lo que una señora loca me diga sobre ingerir alimentos sin pagar. La fila avanzó milagrosamente, mi desesperación se iba calmando, sentí en mi interior una especie de vértigo, como cuando se va en un avión y éste sube y baja. Se me fueron las luces por un momento, me sentí débil. Tomé un sorbo de gaseosa y de repente…
… ¿Qué fue eso?... No puede ser. Es eso, viene con violencia, me atemoricé, pero ya era tarde para huir, los malditos que me rodeaban me atraparon. Me sujetaban con sus brazos ancianos, pero muy fuertes, mi debilidad era mayor a mi voluntad. Eso estaba contra mí, aplastando mi pecho, mi corazón.
¿Qué quieres? – Soy Emociones, vengo a destruirte. – ¿A dónde me llevan?...
¿A dónde me llevan?...
Juan Pablo Valderrama Pino.
miércoles, 22 de junio de 2011
martes, 21 de junio de 2011
Sueño.
Fue horrible, impresionantemente horrible; estaban por todas partes, como pedazos de un maniquí descuartizado.
Iba saliendo del baño cuando vi una sombra reflejada en la puerta del cuarto. Me alerté y quise buscar al dueño de la sombra, pero sólo encontré los cadáveres de mis mascotas. Estaban destrozados.
Tomé un profundo suspiro y escuché un extraño ruido; fui a la ventana para poder ver qué pasaba por fuera de mi mente. En lugar de ver deseos materializados, vi una extraña mezcla de tristeza y agonía que se revolvía en el cielo. Salí de mi casa y le pregunté a alguien qué era eso, y ese alguien me respondió que eso era el paso, o la puerta, al mundo Real, a la Realidad.
¿Real? ¿Qué es real? ¿Qué es eso que ataca al cielo y perturba la paz? ¿Por qué le llaman Real?
Comencé a imaginar cómo sería el mundo Real, pero sólo llegué a conclusiones que ataban a ese mundo Real a representación en mi cabeza; he crecido en un solo mundo, y si hay otro que es Real, entonces debe ser algo parecido al que conozco, como una copia desfigurada.
Seguí caminando a través del frío, viendo cómo todos caían en línea, listos para irse al mundo Real. Huyen y se esconden, se refugian en esa mezcla de tristeza y agonía que se revuelve en el cielo. No quiero ir a otro lugar, quiero saber quién mató a mis mascotas. Me encontré con el sendero que lleva al lago de la justicia, pero cuando deposité mis pies sobre el camino, empezaron a surgir lágrimas.
¿Qué sucede? ¿Por qué llorará el camino? ¿Será por la Realidad que quiere absorber al cielo?
No pude seguir caminando. Me tocó volar, para ver dónde y cómo estaba el lago de la Justicia, para saber qué sucedía. Al pasar por encima de la niebla que brota de la corteza de todos los arboles podridos, pude ver que el lago de la Justicia se había secado. ¿Cómo podremos vivir sin la Justicia verdadera? Cada quien recordará el sabor de la Justicia de acuerdo a su propia opinión… ya la Justicia no será un absoluto, sino que se volverá un concepto relativo.
Me evaporé y aparecí al frente de la mezcla Realidad. Pude ver los ojos de la Realidad, son como piernas temblorosas. Sentí un fuerte dolor en mi pecho, los brazos sin forma de la Realidad me empezaban a envolver en un suave y agonizante nudo que no me dejaba respirar. ¿Qué puedo hacer? Me toca aceptarlo, porque es simplemente Real.
…
Fue horrible, impresionantemente horrible; estaban por todas partes. Desperté de un sueño extraño y sólo puedo ver las imágenes de maniquíes rosados que se tropiezan entre sí, dejan escapar un suspiro de indiferencia e hipocresía… y ahora está en todas partes.
Iba saliendo del baño cuando vi una sombra reflejada en la puerta del cuarto. Me alerté y quise buscar al dueño de la sombra, pero sólo encontré los cadáveres de mis mascotas. Estaban destrozados.
Tomé un profundo suspiro y escuché un extraño ruido; fui a la ventana para poder ver qué pasaba por fuera de mi mente. En lugar de ver deseos materializados, vi una extraña mezcla de tristeza y agonía que se revolvía en el cielo. Salí de mi casa y le pregunté a alguien qué era eso, y ese alguien me respondió que eso era el paso, o la puerta, al mundo Real, a la Realidad.
¿Real? ¿Qué es real? ¿Qué es eso que ataca al cielo y perturba la paz? ¿Por qué le llaman Real?
Comencé a imaginar cómo sería el mundo Real, pero sólo llegué a conclusiones que ataban a ese mundo Real a representación en mi cabeza; he crecido en un solo mundo, y si hay otro que es Real, entonces debe ser algo parecido al que conozco, como una copia desfigurada.
Seguí caminando a través del frío, viendo cómo todos caían en línea, listos para irse al mundo Real. Huyen y se esconden, se refugian en esa mezcla de tristeza y agonía que se revuelve en el cielo. No quiero ir a otro lugar, quiero saber quién mató a mis mascotas. Me encontré con el sendero que lleva al lago de la justicia, pero cuando deposité mis pies sobre el camino, empezaron a surgir lágrimas.
¿Qué sucede? ¿Por qué llorará el camino? ¿Será por la Realidad que quiere absorber al cielo?
No pude seguir caminando. Me tocó volar, para ver dónde y cómo estaba el lago de la Justicia, para saber qué sucedía. Al pasar por encima de la niebla que brota de la corteza de todos los arboles podridos, pude ver que el lago de la Justicia se había secado. ¿Cómo podremos vivir sin la Justicia verdadera? Cada quien recordará el sabor de la Justicia de acuerdo a su propia opinión… ya la Justicia no será un absoluto, sino que se volverá un concepto relativo.
Me evaporé y aparecí al frente de la mezcla Realidad. Pude ver los ojos de la Realidad, son como piernas temblorosas. Sentí un fuerte dolor en mi pecho, los brazos sin forma de la Realidad me empezaban a envolver en un suave y agonizante nudo que no me dejaba respirar. ¿Qué puedo hacer? Me toca aceptarlo, porque es simplemente Real.
…
Fue horrible, impresionantemente horrible; estaban por todas partes. Desperté de un sueño extraño y sólo puedo ver las imágenes de maniquíes rosados que se tropiezan entre sí, dejan escapar un suspiro de indiferencia e hipocresía… y ahora está en todas partes.
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