Ella se acercaba sensualmente con pasos llenos de pasión y felicidad, su inocencia brillaba en sus ojos, y su corazón limpio gemía de placer mientras me miraba fijamente a los ojos.
Sentí paz, alegría… amor.
Toqué su piel suave y tibia, acaricié su cuerpo y le entregué mi corazón; nunca nadie me había hecho sentir así. Ni siquiera las conversaciones calientes que tuve con mujeres expertas me hacían sentir esta atracción armónica entre placer, amor, espíritu, y cuerpo. Nunca antes me había sentido tan cómodo y bien al lado de una mujer… cosas como estas sólo las sabe hacer ella.
Me recosté sobre las sabanas desordenadas que bailaron junto con nuestros cuerpos, ella quedó cansada y me miraba satisfecha; yo también la miraba y sentía que explotaba de felicidad, sentía que cada caricia continuaba endulzando mi oído. Las maravillas más grandes suceden en medio del amor… pero las desgracias más horribles se deslizan suavemente como un líquido espeso cuando dejamos que a nuestro corazón entren intrusos.
Cerré mis ojos y sentí mi cuerpo reposando sobre la cama, sentí el cuerpo de ella que se movía muy poco, porque quería descansar; sentí mis manos, sentí el latir de mi corazón.
Decidí levantarme e ir al baño, me miré al espejo y empecé a detallar cada línea de mi rostro. Sólo me miraba sin gestos, me miraba como cuando se mira detenidamente algo.
Toqué mi pecho izquierdo con mi mano derecha y sentí nuevamente cómo mi corazón empujaba mi carne en un movimiento sincronizado. Cuando quise volver a salir, giré mi rostro y vi la puerta que se abría con delicadeza… era ella, que con su cabello castaño oscuro y sus ojos felices venía para darme un abrazo. No dijo nada, sólo me abrazo, yo la abracé también y quedamos de pie y en silencio. Sentí el calor de sus senos que atravesaba mi piel y sentía el latir de su corazón… sentí su amor y su alegría, y me sentí bien, porque era yo quien causaba eso en ella.
Parece charlando, pero cada vez que recuerdo esos momentos hermosos, es como si me sumergiera en un dulce sueño del cual no quiero despertar, es como sentir unos brazos suaves que cuando te abrazan sientes que no quieres irte nunca. Pero hay que abrir los ojos y sentir el azote de la realidad, hay que poner la mejilla para que el sufrimiento golpee bien duro… sólo así sabré de qué estoy hecho. ¿Creen que me rendiré? En medio de todas las desgracias en las que me pongan siempre encontraré la manera de mirar la luz, aunque por mucho tiempo me dedique a derramar lágrimas.
Miro a la pared y cuelgo fotografías de lo que alguna vez viví, las dejó para recordarlas con gusto y saber que puedo seguir viviendo. De alguna manera encontraré el lugar donde mi corazón pueda tomar un baño y se limpie de todas las impurezas que los demás han querido depositar en mí, y que yo permití.
¿Dónde están las caricias que esa noche recibí con tanto cariño? ¿Dónde están esos hermosos ojos que me miraban con pasión? ¿Dónde está ella? ¿En qué momento se fue? ¿Por qué no me di cuenta?
Son tantas preguntas que se revuelven en mi mente cada noche, mi corazón se acelera y no logro dormir, ¿A quién puedo decirle esto? ¿Quién me escuchará? No importa, de alguna manera las cicatrices se borrarán y cuando sea viejo y vea mis manos, sabré que mis días en este mundo valieron la pena, porque una noche de un 25 de junio estuve con ella, completamente con ella.
No hay comentarios:
Publicar un comentario